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Vanidad
Nélly Minard
Orgullosa, ufana, la firme roca,
allá, en lo alto de la sierra estaba;
mirando al mundo desde su estatura,
hombres, plantas y bestias desdeñaba.
Mientras que hacía siglos que observaba
orgullosa en su firmeza y lozanía,
esos puntitos que abajo se movían,
nacían, crecían y morían...
se burlaba del viento vagabundo
que no tiene un lugar donde afincarse;
se reía de las gotas inconstantes
que son agua, hielo,nube o bruma.
Se sentía segura allá en la altura,
inconmovible, vigilante, quieta.
El frío de un invierno abrió una grieta,
el agua de la lluvia la impregnó,
el hielo allí formado abrió la herida
y el viento, una mañana la quebró.
Rodó por la ladera cuesta abajo,
en golpes sucesivos se rompió
y las agudas aristas que tenía
entre rodada y golpes, suavizó.
Cayó sobre el arroyo cristalino
y en brazos del torrente fue bajando
por el cauce que el agua transparente,
a través de los siglos fue creando.
Llegó al llano que ella veía verde
desde su atalaya, allá en la altura
y la pisó la bestia que venía
a calmar su sed, en la corriente pura.
Como la roca, así, desmenuzada
riqueza, poderío, vanidad y suerte
pierde el hombre, cuando le llega el día
de entregarse en los brazos de la muerte.
¿A qué entonces poner tantos afanes
en lograr cosas vanas, materiales
desdeñando ¡Oh pobres mortales!
nobleza, dignidad, honor e ideales?
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